Una selección de proyectos diseñados y construidos a lo largo de más de dos décadas en El Retiro, Guatapé, Carmen de Viboral y el Oriente Antioqueño. Cada uno responde a su lugar, sus habitantes y la luz que lo descubre.
Una vivienda campestre suspendida sobre un bosque de pinos nativos.
La Casa LM se organiza a partir de tres patios y dos volúmenes, articulados por las pendientes naturales del terreno. La intersección entre ambos volúmenes funciona como acceso principal a través de un portón en madera de gran formato.
El volumen frontal alberga las áreas sociales — salón, comedor y servicios — concebidas como un espacio continuo que se abre hacia el bosque. El volumen posterior reúne las tres alcobas, todas dispuestas alrededor de un patio interior con vista directa al pinar.
La cubierta a una sola agua acompaña la inclinación del lote y permite que la casa se asome al paisaje como una pieza más del bosque. Los aleros amplios resuelven el control solar y la lluvia típica del Oriente Antioqueño sin perder ligereza visual.
Dos volúmenes a la orilla de la quebrada La Pereira.
El terreno, plano y colindante con la quebrada La Pereira, exigía una respuesta que enfrentara el agua sin invadirla. La casa se compone de dos volúmenes principales conectados por una circulación central que actúa también como espacio de transición y galería.
Uno de los volúmenes contiene las áreas sociales y de servicio; el otro, las alcobas privadas. Entre ambos se generan dos patios interiores que ventilan, iluminan y enmarcan la vista hacia la quebrada desde cualquier punto de la casa.
La cubierta a dos aguas, ejecutada con teja tipo shingle, desciende hasta convertirse en cerramiento vertical en ciertos puntos, creando un gesto de protección sobre los muros expuestos al viento del valle. Una solución técnica que también se vuelve identidad arquitectónica.
Cuatro volúmenes alrededor de un patio, en el Carmen de Viboral.
El Chamizo se ordena alrededor de un patio trasero amplio que actúa como el corazón social de la casa. Cuatro volúmenes lo rodean, cada uno con una función diferenciada: zona social, alcoba principal, alcobas secundarias y servicios.
Las cubiertas a dos aguas con pendientes pronunciadas del 80% son tanto una respuesta estética como técnica: drenan la lluvia abundante de la zona y crean techos altos que generan amplitud espacial en los interiores. Las áreas de circulación y baños se cubren con techos planos que contrastan con los volúmenes inclinados.
La envolvente arquitectónica fue diseñada con énfasis en el aislamiento térmico: muros verticales con estructura metálica, recubrimiento interior en madera, paneles OSB, cámara de aire intermedia con lana de vidrio y acabado exterior en teja shingle. El resultado: una casa fresca en días cálidos y abrigada en las noches frías del Oriente.
Tres cabañas turísticas que conversan con el paisaje del Oriente.
Tres cabañas pensadas para el alquiler turístico, cada una con una identidad propia pero compartiendo un principio: la materialidad como herramienta de confort y belleza. La madera aporta calidez, el ladrillo regula la temperatura interior, la piedra ancla la cabaña al terreno.
La tipología espacial es consistente: la sala y la cocina ocupan el centro, mientras las habitaciones se ubican en los extremos para garantizar privacidad. Las terrazas y aleros profundos amplían el espacio habitable hacia el exterior y permiten disfrutar del paisaje incluso bajo lluvia.
Más allá de su uso comercial, estas cabañas demuestran cómo un buen diseño puede transformar un terreno común en una experiencia única. Los huéspedes regresan no solo por el lugar, sino por la arquitectura misma.
Diez villas escultóricas en bambú, sobre el bosque de Guatapé.
El Hotel Vistas 18 nace de una convicción ambiciosa: la arquitectura puede ser una experiencia turística en sí misma. Diez villas de 65 m² se disponen sobre el bosque nativo de Guatapé, regenerando el ecosistema al mismo tiempo que ofrecen una experiencia de alojamiento única.
Cada villa contiene dormitorio, salón, cocina, baño y terraza con jacuzzi privado. Su forma es orgánica, casi escultórica — no hay dos iguales porque cada una se adapta a su exacta ubicación entre los árboles. El bambú, escogido como material principal, es renovable, sostenible, resistente y profundamente coherente con el paisaje colombiano.
El proyecto combina los dos extremos: tecnología de construcción avanzada en bambú estructural y un cuidadoso trabajo de paisajismo que devuelve al bosque su densidad original. El resultado es un destino que se siente encontrado, no construido.
Una casa pensada para vivir entre pinos.
El Pinar se diseñó para una familia que buscaba un hogar permanente en medio del bosque. El reto no era construir una casa con vista al paisaje, sino una casa que habitara el paisaje desde adentro.
Los espacios se organizan en torno a ejes visuales que enmarcan los árboles más significativos del lote. Las ventanas no son simples aberturas: son cuadros calculados. La casa se levanta del terreno apenas lo necesario para respetar el sistema de raíces de los pinos y permitir el paso del agua de escorrentía.
Los materiales — madera, vidrio amplio y acabados sobrios — se eligieron para que el protagonismo siempre esté afuera. Adentro, todo respira hacia el bosque.
Si te identificas con nuestro enfoque, agendemos la próxima. Sin compromiso, sin costo.